Estos próximos años serán determinantes para definir el rumbo de la UE. Los desafíos que hay sobre la mesa son enormes: una crisis económica galopante que azota sin piedad a todos los países de la Unión (y a España en particular), la necesidad imperiosa de redefinir la política exterior de la UE ante la emergencia de nuevas potencias mundiales, remediar, en la medida de lo posible, la dependencia energética de la UE que nos hace esclavos de otros países y un largo etcétera.
Es por eso que algunos dudan de la capacidad de estos dos nuevos políticos para liderar los proyectos mencionados. Pero precisamente, como comentaba esta mañana con compañeros del EPP, no debemos olvidarnos de un dato fundamental: estamos ante dos cargos políticos, que no hay que confundir con los propios tecnócratas de la Unión. Es decir, el éxito o el fracaso en la consecución de los retos de la Unión va a depender, fundamentalmente, del trabajo y del esfuerzo de muchos comisarios, parlamentarios y técnicos que suelen estar detrás de las cámaras. No obstante, si es cierto que a partir de ahora la cabeza visible de está orquesta serán el Sr. Van Rompuy y la Sra. Ashton, junto con el presidente de la Comisión y el Presidente del Parlamento, el Sr. Buzek.
Por último, creo que todos merecemos un margen de confianza, más aún políticos de alto nivel a los que se les acusa, en especial a Ashton, de no tener experiencia en su campo. La política, como la vida en general, suele depararnos grandes sorpresas, para bien o para mal. Tenemos ejemplos recientes de políticos por los que en sus inicios nadie apostaba, y en cambio se han mostrado como líderes capaces de contribuir a la mejora de sus países. Me vienen a la cabeza dos nombres en particular que son el de la Bundeskanzelerin Ángela Merkel y, muy en especial, el del Presidente brasilero Lula da Silva, sin lugar a dudas uno de los responsables de lo que es y será en los próximos años el "milagro brasilero", sobre el que ya me extenderé en los próximos días.
Lo dicho, mucha suerte a los dos.





